El hijo único

A principios del siglo XX una pareja común tenía en promedio entre diez y quince hijos. Éstos fueron padres en la década del 20, teniendo en promedio diez hijos. Esta generación tuvo hijos en la década del 40 y 50, con un promedio de 7 hijos. Éstos fueron padres en los setenta y ochenta, con un promedio de cuatro o cinco hijos. Este grupo fue padre desde los 90, teniendo sólo dos hijos. Éstos últimos son los padres de los niños nacidos desde la segunda década de este nuevo siglo y generalmente tienen o van a tener sólo un hijo, o ninguno.

Claramente, la tendencia al hijo único es mundial y en Europa hace décadas que se observa este fenómeno. Si bien, hoy es más común ver hijos únicos, la verdad es que han existido siempre, aunque antes eran la excepción a la regla y hoy, la excepción a la regla es tener más de un hermano. Entre algunas personalidades famosas que son hijos únicos podemos encontrar a Leonardo Da Vinci, John Lennon,  Daniel Radcliffe (Harry Potter), Robert De Niro, Al Pacino, Leonardo DiCaprio, Charlize Theron, Selena Gómez y Samuel L. Jackson, entre otros.

Los últimos estudios aseguran que ser hijo único tiene varias ventajas, como ser más felices, más inteligentes y más agradables socialmente, pero también pueden ser más depresivos y dependientes. Claro que cada caso es un mundo y éstas son tendencias y no la regla.

Sin duda, la vida que lleva un hijo único es diferente en muchos aspectos de la mayoría de niños que tienen hermanos y éstas pueden ser beneficiosas o perjudiciales, dependiendo de cómo se manejen, fundamentalmente por parte de los padres.

Analicemos algunas de estas diferencias y cómo se pueden manejar:

  • El Florero de mesa

El hijo único pasa a ser el centro de atención casi exclusiva de los padres. Como ventaja, está la estimulación que puede recibir, aprovechando mejor sus capacidades. Pero esta atención exclusiva puede convertirse fácilmente en sobreprotección al facilitarle en demasía la vida que podría convertirse en frustraciones futuras, cuando deba enfrentar ambientes en que pase a ser “uno más” del grupo.

  • El viejo chico

El hijo único generalmente vive entre adultos, con pocas oportunidades de relacionarse con sus pares y, por consecuencia, desarrollando menos habilidades sociales en ese plano. Esto implica que le cueste más compartir, pasando por egoísta.

Una vez que entra al sistema escolar, puede tener conductas o actitudes dominantes o muy formales, lo que podría no ser bien recibido por los demás o, por el contrario, mostrarse muy tímido y dejarse “pasar a llevar”.

  • El “amurrado”

Es frecuente que el hijo único presente una baja tolerancia ante las frustraciones ya que no han tenido frecuentes oportunidades de luchar por algo o perder frente a alguien, pues generalmente “sus deseos son órdenes”. Esto hace que, al enfrentar al mundo escolar o social de sus pares, se quede fuera de los juegos, se aparte, le quiten los juguetes e, independiente de su tamaño, pueda parecer más frágil que el resto, sobre todo frente a aquellos niños que tienen hermanos mayores.

¿Qué hacer?

Considerando estas posibles condiciones, es recomendable que los padres tomen medidas anticipatorias e introduzcan en la vida de la niña o del niño ciertos elementos que van a facilitar su posterior adaptación:

  1. Fije normas y reglas claras que se hagan respetar, sin ceder ante el llanto y los ruegos que son un medio para evitar cumplirlas.
  2. Permita que su hijo o hija enfrente dificultades, sin interceder por ellos para facilitarle la vida.
  3. Lleve a su hijo/a con frecuencia a lugares en donde pueda interactuar con otros niños, y amárrese a un poste para no ir a defenderlo/a.
  4. Planifique un ingreso temprano a un jardín infantil, ya que en ese lugar se encuentran las mejores condiciones para desarrollar las habilidades sociales que debe desarrollar en esa etapa de su desarrollo.
  5. Estimule y facilite al máximo las conductas de independencia y autonomía, como comer solo, vestirse, ir al baño, dormir solo, etc.
  6. Informe a la educadora sobre la condición de hijo único de su retoño o retoña, para que la profesional considere una mayor estimulación en las áreas comunes que pueden afectar al niño o niña.

Si bien, aún la sociedad suele presionar a los padres del hijo único con la típica frase “¿Y el hermanito, cuando?”, creando en ellos la sensación de que son unos egoístas al dejar a su retoño sin la posibilidad de tener hermanitos que lo acompañarán en la vida, la verdad es que esto se basa mucho en la crianza. A juicio muy personal, creo que los hermanos se eligen en la vida y la soledad es una opción. Hay personas con muchos hermanos que se sienten solos y personas sin hermanos que se rodean de gente que lo aman.  Cada uno sabe si tendrá o no más hijos; lo importante es tenerlos para criarlos y hacer de ellos personas felices y no porque la sociedad lo exige.