¡Anímate a leer!
La lectura en los niños y jóvenes
¿Cómo incentivar el hábito de la lectura en niños y jóvenes?, es la pregunta que muchos padres y educadores se hacen. Y respuestas se hallan en la literatura dedicada al tema; pero es en la experiencia propia donde también deben buscar para esta interrogante las familias y los profesores.
Por Solange Ogaz
(Unidad de Gestión y desarrollo Académico 2009)
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¿Cómo se adquiere un hábito? ¿Dónde se entregan los primeros lineamientos morales, valóricos, que estarán en la base de la vida de alguien? En la familia, por cierto. La escuela viene después. Entonces, juntos escuela y familia, pueden −y deben− presentar el camino de la lectura a los niños y jóvenes, porque es un camino ineludible de desarrollo integral, tanto del intelecto como del espíritu. |
La incorporación de más lenguaje −lo que ocurre con la lectura sostenida en el tiempo− significa mayores y mejores posibilidades de comprender el mundo; por lo tanto, la lectura forma parte de lo que debemos hacer para desarrollarnos plenamente; es un camino que conduce en muchas direcciones, entre ellas, la que cada uno necesita y busca. Lo contrario, es la negación de asumir los caminos propuestos, la negación de la adquisición de lo que nos corresponde. Por eso es muy importante que la familia y la escuela jamás cesen en la cruzada de formar buenos lectores. |
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En concreto, ¿qué puede hacer usted, papá, mamá, en casa para la formación de hijos lectores? Los estímulos son fundamentales en los primeros tiempos de la formación de un lector. Y estímulo es un libro que se regala, por ejemplo; también, comentar alguna lectura.
¿No le parece a usted, como a mí, que es un tanto pobre una casa donde no hay al menos algunos libros, por lujosa que pueda ser ésta, por mucho que la tecnología tienda a sustituir el formato tradicional del libro? Que conste que no estamos a ultranza en favor del formato conocido del libro, por bello que sea −este podrá variar con el tiempo−, sino de la idea de “libro”, esto es, del instrumento que ha permitido la transmisión de la cultura, el desarrollo del lenguaje, la creación de obras maestras del espíritu humano. |
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Sigamos con los estímulos: visitar alguna vez una librería, hojear allí los libros, hacer que los niños y jóvenes sientan que en sus manos tienen algo muchísimo mayor que sólo signos. Hay allí una experiencia humana por reconocer. Déjelos que descubran sus propias lecturas. Es natural que no les gusten algunos, no se extrañe cuando le hablen mal de algún “clásico” (nosotros los profesores estamos acostumbrados, forma parte de nuestro oficio), sólo significa que ese libro es para otro tiempo, pues a los clásicos “se llega”, pero usted debe transmitir esta verdad: si es un “clásico”, es porque ha perdurado en el tiempo, ha sido sometido a innumerables juicios críticos, y ha salido incólume: de seguro que está pleno de valores humanos, y por eso ha sorteado el paso del tiempo. |
Déle a su hijo, entonces, consejos para que siga buscando. La lectura incita a la búsqueda, hasta encontrar el libro o los libros que queríamos leer, aún quizás sin saberlo. En fin, vayamos en este camino, estimulando a hijos y alumnos a iniciar un camino seguro hacia el conocimiento de la humanidad. |
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Sí, por eso leo, por esto me gusta leer, no porque admire mucho un formato libro cualquiera −puedo hacerlo también− sino porque me gusta la humanidad en los libros, encontrarme, en un diálogo profundo, con los otros; y cuando las historias son a todas luces “ficción” en un libro, maravillarme ante la capacidad de mis congéneres para dar rienda suelta a la imaginación a través de la palabra. La palabra que no es cosa menor, sino algo que nos identifica en la creación y hace que podamos comunicarnos, partiendo por permitirnos decirnos esto.
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